Se puede soportar un estado de alarma, todos damos fe, pero resulta insoportable el estado permanente de propaganda institucional y personal. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, nuestros políticos en este tiempo de pandemia, se están sintiendo en su salsa haciendo lo mejor que saber hacer, ser políticos. Porque hay que reconocer que para lo suyo son unos profesionales, y la curva de aprendizaje para los novatos es bastante asequible.

Podría ejemplificarlo sobradamente. Tengo una buena colección de artículos y notas de prensa que son un auténtico sopor que puede dar para un libro. Es precisamente esa palabrería vacua y bobalicona, con simplezas y vaguedades, con deslavazadas obviedades las que hacen al político un ser imbatible, pues te vencen de puro agotamiento. Yo la partida la doy por perdida antes ni siquiera de que mi oponente se prepare la lista de simplones eslóganes que va a lanzarme a la cara.

Pero como aquí en Portuenses.com siempre hemos sido muy puñeteros, no me resisto a ponerles unas cuantas perlas recién sacadas del horno, para comentarlas y reírnos un poco, porqué no. Seguro que alguno nos viene con el ceño fruncido y dedo acusador para señalarnos como unos frívolos irredentos que no se toman toda la gravedad de lo que está pasando en serio. Precisamente nos la tomamos tan en serio que nos motiva para chotearnos de las tonterías de esta neocasta aristocrática, que piensan que tienen el deber de compartir sus pensamientos.

Aquí varios casos de políticos locales de tournée para vendernos su mercancía. La mercancía son ellos mismos, pero lo que proyectan es su nulo valor como nada medianamente útil e imprescindible.

PRIMER CASO: EL CURSI.

El concejal Álvaro González manifiesta que con la campaña Bente se pretende «abrazar al hostelero, que vuelva a sentirse profesional»

A nadie le importa muchacho, ni la campaña, ni tu concejalía, ni tu foto hablando por teléfono como si estuvieras trabajajajajajando. Tampoco le importa a nadie las mil campañas que os sacáis de la manga cual mago conejos de la chistera. Pero que cansinos. Que no hombre, que sólo sabéis parir ideas simplonas en dos folios, las trufáis con palabras que rellenan y parecen cultas, pero no quieren decir nada. Como dinamizar, potenciar, abrazar o generar ilusión. Que no se puede ser más cursi y mas prescindible, Álvaro hijo mío. Aunque entiendo que tengas que defender la existencia de tu puesto, pero te va a costar. Un montón además.

SEGUNDO CASO: LA CUQUI.

«Vamos a por todas. El comercio de El Puerto tiene mucho futuro»

Ya la vimos días atrás supervisando como abría una tienda de ropa tras el levantamiento parcial del confinamiento. Tremendo. Ahora se coloca sus gafas de sol y supervisa como se hacen las fotos de esta campaña, otra más, como si pariendo campañas se arreglaran las cosas mágicamente. Otra sarta de vaguedades poco concretas pero con desbordante positividad, con una psicología de superación que emociona a nadie. El verbo dinamizar es tu mejor amigo y presume de él a la menor oportunidad. Reto a cualquiera que me sepa explicar la fijación que tienen los políticos por el dichoso verbo. Supongo que la razón principal es que viste mucho pero dice poco, fantástico para su propósito de auto propaganda.

TERCER CASO: EL CESAR.

Beardo presenta a los portavoces la hoja de ruta hacia la “nueva normalidad”

Podría pasarme horas analizando el fenómeno Beardo, el paradigma de actuación política perfecta, en el sentido más peyorativo del término. Un auténtico titán de como sacar rédito para su propio interés hasta de los asuntos más negros. Todos, absolutamente todos los políticos, se escandalizarían por esta afirmación si se les acusara abiertamente como yo lo he hecho, harían aspavientos y evidenciarían con impostada euforia su indignación.

Pero si analizamos muy superficialmente este simple ejemplo que les traigo, se hace aun más patente la enorme falta de argumentos que podrían presentar en su defensa. ¿Qué ruta? ¿Qué nueva normalidad? Porque yo solo veo otra carta a los Reyes Magos de las cientos con las que nos castigáis a los masoquistas como yo que aun las sigue leyendo. No sin cierto hastío, he reído y llorado con las inabarcables y pomposas notas de prensa que los medios rebotan cual papagayos. Medios por decir algo, porque en El Puerto no existe tal cosa.

No hay presupuesto, ni un estudio en detalle que identifique problemas y soluciones, no hay partidas económicas ni planificación en el tiempo, que nos permita tratar el problema con objetividad y no con el mismo sentimentalismo inútil. Entreveo una petición de adhesión sin casi cuestionamiento para la oposición, el consenso que le llaman. Estoy totalmente en contra del consenso, es la muerte de la verdadera democracia. Pero vamos, que eso sería pedir demasiado esfuerzo para unos cerebros que demasiado tienen con lo suyo de pensar en como sacar tajada. Debe ser agotador.

En próximas entregas, haremos un pormenorizado análisis (ni de coña) del inexistente plan de acción aquí en El Puerto para paliar y controlar los devastadores efectos que esta pandemia nos está dejando. Y hablo en términos de inexistencia, porque puede que cada día nuestro alcalde nos haya informado con inusitada asiduidad de las medidas adoptadas, pero son de tan nulo calado, que prácticamente no son nada. Extenuante, créanme.

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